jueves, 28 de abril de 2011

Desencadenamiento

La mirada que retiene. Las palabras que intimidan. La noticia de un pasado insospechado. Un lugar sin tiempo, un acontecimiento sin espacio; un impulso tan fugaz como eterno, que me infunde nuevas ganas de crear. Una presencia enigmática, seductora y atemorizante. Como si de un momento a otro, una visión ajena delineara otros contornos en la memoria propia.

Sea el cuerpo quien enuncie atajos y sentencias. Sea la intuición quien tome mi mano derecha; sea el corazón quien sostenga el candil de la izquierda. Sea pues, hasta su momento justo, este extraño impulso la sangre de mis palabras y la carne de mi mirada.

El espíritu de la época

Un panorama saturado. Es innecesario listar los múltiples ansiogénicos. Los medios informativos brindan una amplia gama de exabruptos como la descarada desmantelacion de la precaria democracia, la proliferación del terror sin nombre ni castigo y la estruendosa miseria de quienes lo han sufrido todo, entre otras muchas y abyectas atrocidades. Ahora, las aguas diluviantes arrasan tranquila y constantemente lo próspero y lo paupérrimo, se traducen mediáticamente como fotografías aéreas e historias lacrimógenas perdidas entre noticias de farándula. La pululante información con la que la mayoría de la población masturba su juicio sólo parece conducir a un laberinto de sinrazón, pues siempre se sabe que hay algo más allá, algo escondido, algo subyacente y perversamente manipulado. Como en las películas de terror de los ochenta, lo que no se ve es lo que nos inspira más miedo.

Las colosales dimensiones de las múltiples debacles superan cualquier especulación. La destrucción de la tierra, su cuenta de cobro, la crisis económica, las guerras inventadas, los nuevos fascismos, las epidémicas enfermedades mentales y las patológicas relaciones interpersonales segan las esperanzas de mejoría individual, e individual y colectivamente nos vemos abocados a recurrir a escapismos sensualistas cuyo gozo nos infundan la energía suficiente para sobrevivir. Por que eso es lo único que se espera de la vida, sobre todo en un país como éste, donde el desplazamiento forzado ya es una longeva constante demográfica, donde las cifras oficiales ya ni se ocupan de los desaparecidos y cuentan a las ventas ambulantes como empleo, y donde se olvida que aún hay niños que pasan todo un día con un tinto y un pan e incluso menos. 


Hay que seguir saliendo, aunque el sistema de transporte "modelo" sea, por decir lo menos, indigno y escandalosamente costoso; sobrevivir es un deber, a pesar del rastrero sistema laboral y de seguridad social, que obliga a los trabajadores a comprar el derecho a una remuneración con dinero prestado; la esperanza debe pesistir, aunque a cada minuto surjan evidencias de las dimensiones del horror y de la cercanía del peligro. El optimismo aunque obstinado, colapsa. Este momento es eterno: todo un hoy, un día eterno y oscuro que se muestra tan aciago como aquellos textos que leia cuando soñaba con que todo podìa ser mejor.

Sólo espero poder despertar mañana.

miércoles, 22 de julio de 2009

Todo lo del rico es robado.






Todo lo del rico es robado.

Sobre un gamín millonario.



India, África, Sur América. Inmediatamente saltan a la memoria escenarios color marrón mustio; oscuros, muchas veces en luz y en todos los casos en tono. Calcuta, Nigeria, Rio de Janeiro. Lugares ahora evocados como imagen húmeda de filme independiente. Miseria, injusticia y masacre. Ambientes toscos de degradación humana.



India, una de las mayores potencias mundiales en armamento, cuna de una de las más sólidas tradiciones espirituales de la humanidad, es también nicho de una de las más sorprendentes y generalizadas miserias, que redunda en la perpetuación de la empresa de la mendicidad. La rentabilidad de la lástima, respaldada por un sistema ideológico en el cual la desigualdad hace parte del orden social, es la fuerza constitutiva de la invencible degradación humana a la que ya nos tiene acostumbrados el síndrome de la actualidad y su abundancia de imágenes.



Así proliferan en las imágenes comunes los más impensables escenarios de miseria en los que subsisten precariamente miles de millones de personas. Bípedos sin rostro. Todos tan distantes como infinitamente próximos. Cualquieras y nadies. Indiferencia moral y visual que se convierte en el elemento mas escandalosamente perverso de la cultura y la economía contemporánea.



La proliferación de esta indiferencia se ha traducido en una tendencia visual de crítica: una parodia vacía de crítica, un pasticheJameson, Frederic (1991) 1998 “La lógica cultural del capitalismo tardío”, en: Teoría de la posmodernidad, Trotta, pp. 23-83. , una fetichización estética del orden establecido, que castra las posibilidades de búsqueda de justicia. En la producción audiovisual, este pastiche involucra una afición por el realismo que se combina con la saturación visual para presentar un panorama hiperrealista, apabullante y desolador. El infinitesimal espectador, solitario y desorientado, adopta resignadamente la aceptación dolorosa de la humillación ajena.



En mi opinión, Slumdog millionaire, o como lo traduciría al dialecto Bogotano, "El Gamín Millonario", ha logrado tanta resonancia y acogida por que reta la idea que se tiene de la miseria en la cultura visual y en la moral colectiva. La pornomiseria es aquél lugar cercano a películas como La Vendedora de Rosas, Ciudad de Dios y la más reciente 14 Kilómetros, que equilibran su impactante confrontación visual de denuncia con un abandono de las posibilidades de alteración del orden de las cosas y una iconolatría de la pobreza extrema. A ella llegan otras películas como El Colombian Dream, que caricaturiza injustificadamente todos los aspectos de la vida sórdida del trópico, presenta un caótico panorama donde sólo se comprende el calor por la saturación de colores, y sólo deja como posible reacción la risa cínica.



Por el contrario, la película de Danny Boyle plantea y reitera una crítica a esta naturalización de la miseria. Para recordarnos que el pensamiento aceptado es sobre el estado normal de las cosas implica que el miserable no debe tener cómo dejar de serlo: durante el interrogatorio se repite que Jamal no puede haber sabido las respuesta, por que su vida no le había dado las posibilidades de instrucción suficiente para poseer un conocimiento que valga 20 millones de rupias. Esta suma, de cualquier modo, debe ser inalcanzable para un paria en Calcuta. Es el orden natural de las cosas.



Este orden naturalizado también subyace a la brevedad del luto por la muerte de la madre, que relata la realidad de la miseria con normalidad obligatoria, y cuenta un silencio sobre lo que años atrás era motivo de escándalo. La orfandad en situaciones tan amenazantes antes hubiera motivado toda una película, pero para Jamal y Salim esto sólo consume un momento, pues es sólo el principio del advenimiento de infinitas desgracias.



Los infantes subsisten infraviviendo, con los medios y criterios de la indigencia obligatoria. Si el desamparo y el abuso hacen parte de lo normal, quienes los viven los saben así y desarrollan distintos talentos por encima, o mas bien muy por debajo, del bien y del mal. Jamal esquiva la realidad y se convierte en el nuevo héroe que no sólo sobrevive en la mierda sino que la utiliza como blindaje para escabullirse y beneficiarse de las situaciones más hostiles y dramáticas. Su misión por el autógrafo del vedette simboliza lo que hacen innumerables talentos humanos a diario: aprovechar las más exoticas oportunidades para sacarle provecho hasta a la miseria.



A pesar de la economía de guerra, el conocimiento, el talento y la fuerza están donde se tiene programado que no esté, en los residuos poblacionales de niños que casi viven y casi mueren de todo lo que la nada social puede brindarles. Persisten en medio de una indiferencia que perpetúan la injusticia y la violencia, a pesar del avasallamiento de la economía fantasmática, en la que lo más rentable es la acumulación ciega de riquezas en unos pocos y la eliminación física del enemigo.



Los significados que transitan en las calles se entrelazan en la miseria,y conforman conocimientos inadvertidos pero preciosos para quienes tienen mucho menos que nada. De los residuos de lo despojado, de la riqueza que es robada a todos, se fugan excepciones y resistencias. Todo tiende al equilibrio y si la miseria degradante es admitida para cada vez más seres humanos, también debe serlo la opulencia no tan fortuita para un sucio gamín. Este gamín millonario recuerda que la miseria es rentable, que produce lo que unos pocos se roban, pero que también crea conocimientos irrefutables, ideas de dignidad y supervivencia inalienables que hacen que, de una manera u otra, las cargas se equilibren al fin y al cabo, así sea bajo las mismas reglas de los usurpadores.



Todo lo del rico es robado. Robado del pobre.




domingo, 31 de mayo de 2009

Hancock: un manifiesto moral contemporáneo

El exceso de información, sumado a las múltiples posibilidades de visualizar lo irreal, o contrafactual, hacen que la realidad misma (a la que ya no se donde ubicar) se difumine en miles de posibilidades. Y tal multiplicidad de posibilidades realizadas distorsionan la ética colectiva, lo que crea nuevas y exóticas necesidades. Es la llamada sociedad del miedo, también calificada como sociedad líquida. Todo vale.
Y de esta sociedad del miedo, dispuesta todo con tal de salvarse, es manifiesto Hancock. Éste, la resurrección del anti-héroe, arrastra su existencia sin historia, con un don que, por no tener un origen desconocido, no tiene una finalidad más allá de lo inmediata y aparentemente conveniente. Auxilia a cercanos desvalidos, roba a quienes aparentemente gozan de abundancia y no se molesta en amabilidades ni disculpas por que sabe que todos los lazos emocionales están condenados a la perversión y al dolor.
Miserable eterno, Hancock carece de pasado o de futuro, y por tanto de moral y sueños. Sustituye el dolor y la nostalgia por un infinito enojo, y sus agresiones continúan por que simplemente nadie más tiene la fuerza para contrarrestarlo. Sin embargo, estamos obligados a creer que tras esa imagen de canalla descarado hay una esencia bondadosa y sensible que simplemente se defiende del mundo, y que justifica sus “equivocaciones” con la esperanza de una futura reivindicación, pues es lo que se espera del negro y pobre personaje superdotado. Y así, en nombre de un esteroetipo de minoría, que evidencia tras su agresividad un gran reclamo social y que encarna y demanda su reivindicación, se construye una justificación para la agresión a otros, los independientes que se las arreglan desde lugares y situaciones normales.
Lógicamente, en este agobiante manifiesto moral, la justificación aparece; tardía y confusamente, pero aparece. Su igual-opuesto, mujer blanca de fuerza infinita, el amor de su vida, la única que puede comprender y recordar su origen y su destino, es también la condenada a destruirlo. El amor imposible pero inevitable, basado en la inevitable destrucción del objeto amado, significa la concreción del destino humano, que no ve otra alternativa que el sacrificio de “unos pocos” (individuos, sentimientos o valores) en beneficio de una estabilidad mediocre y de la perpetuación de un sistema social que nadie parece tener derecho a cuestionar.
En Hancock hablan el sistema sociopolítico mundial y la democracia liberal, que han entrado en crisis y se muestran viles y perversos, justo después de haber satanizado y sacado del panorama a cualquier otra alternativa. ¿Para que destruir? Para proteger lo inmediato. ¿Por qué la guerra? Porque no hay nada mejor: porque funciona. Sigue adelante, trágate tu dolor, resignate a tu miseria y no esperes nada mejor.

domingo, 10 de mayo de 2009

"Wake me when it's over" o el mal olvido norteamericano

X-Men es uno de los más exitosos productos audiovisuales masivos de la era global. Su universo se emite desde Estados Unidos, como representación del enfrentamiento entre mutantes, minoría con ventajas biológicas, y humanos, mayoría con ventajas políticas; se plantean y resuelven interrogantes concernientes a los modelos colectivos de ciudadanía, nación e individuo. Su vigencia y éxito de taquilla se debe a la representación simbólica de principios ideológicos históricos y la interpelación ideológica que mediante la ficción científica se hace al espectador. 

Viniendo de un país cuya política exterior es en gran medida la política exterior del mundo, la relación entre ideología, cultura y política se hace trascendental para la justificación y connotación de las acciones estadounidenses en del mundo. Cada episodio se enfoca en un tema conflictivo y central para la construcción de identidad y es tratado a profundidad entre el espectáculo de las persecuciones, los planos heredados de viñetas y los poderosos personajes. En el cabezote de X-Men Origins: Wolverine, se acude desesperadamente a la historia para resignificar y rejustificar las identidad y acción norteamericana para el resto del mundo.

Al inicio, el tortuoso siglo XIX. La pérdida, el dolor y el deseo de venganza se convierte en el hecho fundacional. Se descubre la violencia como único medio posible de sobrevivencia y de impartición de justicia: "I didn't mean it - Yes you did, he had it coming", es el diálogo entre los pequeños Victor y James, que descubren su doloroso don y quedan por él condenados al rechzo colectivo. La huida se hace inevitable: "Keep running and don't look back", es la única alternativa para escapar del irresuelto dolor del pasado. Así, la violencia se constituye como única conducta posible y justificada y comienza la carrera de guerra y mal olvido y que construye al héroe norteamericano.

La huida violenta y desesperada de estos infantes canadienses atraviesa la historia norteamericana, a través de las guerras que la definen como nación crisol de naciones y que configuran los factores claves de su líderazgo mundial. La estética de los cuadros quietos cargados de emoción, que evoca a la fotorreportería, mistifica las guerras: la de secesión, fundacional de la nación, en la cual la siempre justificada furia de los héroes entrega sus fuerzas a la causa de la democracia. Luego, la primera guerra mundial, reproducida en su recuerdo más patente y característico, las trincheras, y la segunda guerra mundial, con el emblemático desembarco en normandía, son representadas con un tinte de honor y salvación mundial que justifica la intervención militar y la muerte sin medida. Finalmente, vietnam, la guerra trauma, la que perdió sus justas metas y que debido a su prolongación se convirtió simplemente en la degradación inevitable de los valores guerreros.

En vietnam, el honor y los justos fines abandonan la escena; Victor y James llegan a un límite, y cuando el debilitado honor intenta contener la furia justificada de venganza, ésta sólo declina momentáneamente. La guerra se vuelve irregular y salvaje: el otrora honorable y salvador ejército norteamericano, ejecuta un fusilamiento sobre sus dos mejores soldados. "Wake me when it's over", finaliza magistralmente la introducción a la historia norteamericana; la muerte es un impasse momentáneo, pues siempre habrá una nueva guerra en donde se desfogarán los inevitables impulsos de venganza y muerte, que hará posible seguir existiendo como guerreros y en la cual una memoria de merecida venganza justificará la conducta cada vez menos honorable y cada vez más cuestionada de la milicia norteamericana. 

Una vez más, en la realidad de la ciencia ficción, el olvido, la venganza y el cinismo son las únicas posibilidades para que la identidad norteamericana siga existiendo. Es la muerte de la historia y el altruismo como motivación; sólo queda la acción instintiva, guiada por el dolor.  El único guerrero posible es aquel sin escrúpulos, que no teme morir por que no muere y que no sabe por que actúa por que su pasado no es digno de recordar. 

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Tan navideños entonces

Eso es todo. 00:04 a.m. del 25 de diciembre, y yo sentada en mi escritorio, blogueando. La navidad familiar ya terminó. Cerca de mí yacen los ya desflorados regalos navideños: uno, un gatito de juguete que camina si uno de la cuerda, y dos, un libro llamado "el arte de dibujar manga", escogido por mi hermano en un gran intento por comunicarse con mis excéntricos gustos, ignorando que el manga es tal vez lo único que no me cautiva de la cultura visual contemporánea y que hace mucho, pero mucho tiempo, no dibujo. En mi muñeca, el reloj infantil que me regaló mi tía: tiene la imagen de Mickey y Minnie en versión cute-minimalista (o como se llame); mi tía obviamente no sabe de mi aversión hacia Disney. Los regalos navideños son siempre una competencia por conocer al otro, por "caer en la nota" de su gusto. No siempre se puede, pero el adagio popular en estos casos resulta cierto, "lo importante es el detalle".

Pero también está la otra cara de la moneda. Nada más psicótico que un 24 de diciembre. Es el culmen del apocalipsis; diciembre es un mes en el que no está permitido pensar por si sólo, ni siquiera durante un instante. La publicidad y las estrategias gubernamentales atiborran a los ciudadanos de bellas lucecitas y ciclovías nocturnas. El "espíritu navideño" se apodera de los medios, que tratan con creciente ineficacia de "mostrar la cara amable" de un país tan putamente jodido. Los centros comerciales parecen refugios nucleares donde las personas acuden a evadir y alimentar, a un mismo tiempo, sus problemas económicos. Además de lidiar las normales y agobiantes cargas de la familia y el trabajo, sacan tiempo, disposición y cabeza para escoger regalos en establecimientos comerciales, entre nubes de bípedos parlantes obsesionados con el consumo navideño.

Siempre hace un sol infernal; se pasa mínimo 3 horas deshidratándose en un carro, en trancones interminables generados, paradójicamente, por el frenético ritmo navideño. En zonas comerciales fácilmente se puede encontrar 2 choques ridículos por cuadra. Todos cierran a todos. Todos los peatones se atraviesan. Se comete un error y los demás están dispuestos a hacer un sangriento sacrificio del desafortunado conductor. Sólo de alguien de mi familia he escuchado respuestas que se pueden esgrimir para evidenciar tanta sinrazón: "¡Que pena, no lo vi! -- ¡Como no me va a ver, claro que me vio, vieja bruta! -- ¡Ay bueno, entonces si lo vi, y lo quería matar!" Única posible respuesta, que además puso fin a un insignificante incidente urbano.
Este es el fin de la "feliz" época familiar por excelencia. En esta fecha hay que prepararse para socializar con ese familiar con quien uno nunca se entendió. Hay que saludar a tias, primos, amigos y demás, sin importar cuan ajenos sean. Hay que recordar y perdonar. El balance del año se hace automáticamente al revisar el listado de contactos del celular, justo en el momento de hacer la llamada especial navideña.

Pero al final todo se reduce a las mismas e inmanejables preguntas retrospectivas. Que tuve, que perdí, que sentí. Por que estoy aquí y por que no en otro lado. Que decidí, qué quise y qué quiero. A quien amé, quien me amó, quien me ama.

En fin, otro año más. Más recuerdos, más vivencias, y unas cuantas cicatrices más en el corazón. Vividas hasta más no poder. Endulzadas con el fuego del dolor.

Nada que lamentar. Mucho por vivir.

domingo, 14 de diciembre de 2008

El día en que la Tierra se detuvo

Klaatu o el Posterminator

Hace unos días alguien muy cercano me envió por correo el link al corto publicitario de The Day the Earth Stood Still (en adelante TDESS) o El día en que la Tierra se Detuvo. La pregunta que se me formulaba en el correo resuena ahora en mi mente, pues acabo de ver la película, luego de su estreno mundial. ¿La resurrección del cine clase B significa que se aproxima una crisis mundial o que estamos ya en ella?

Superando un poco la hiperemotividad que me une a la literatura y el cine de Ciencia Ficción (CF), trataré de hacer un divertido collage de mis ideas al respecto. Esta película, un remake de la homónima de 1951, fue presentada entonces como Ultimatum a la tierra, y se basó en un cuento de Harry Bates llamado Farewell to the master, publicado en 1940 en Astounding Science Fiction, revista precursora y promotora de la Edad de Oro de la Ciencia Ficción norteamericana. Según wikipedia, Bates asumió la edición de esta revolucionaria revista en la primera parte de la década de 1930, antes del advenimiento de su tortuoso éxito. Aparentemente desafecto del género, Bates puede ser interpretado como un temprano revisionista de la CF “dura”, que exploró la posibilidad de que el género desistiera de obedecer a las exigencias del método y el discurso científico y del interés pedagógico de la CF de Hugo Gernsback, y que enfatizara el papel estético y literario de las historias. Es durante el exitoso renacer de Astounding, a manos del lengario John Wood Campbell Jr., que se publica el cuento que dará origen a esta leyenda del cine clase B.

Como se puede ver, me he remitido a las revistas originarias, pues son el instrumento de materialización de esta corriente literaria (y ontológica si se me permite). El papel de Astounding Science Fiction durante la década de 1940 fue trascendental, toda vez que tuvo que sobrevivir a la crisis de 1929, que exterminó a la mayoría de revistas de CF de la época, y se edificó como cultivadora del género para superar la saturación cientificista del mercado. El público de la CF en los años 40 hacía parte de un cuerpo social se encontraba planteando sus principios morales, dada la imposibilidad de seguir prestando oídos sordos a la conflagración europea. El tema de una nueva guerra mundial ya había sido tratado someramente por la CF norteamericana de los 30, y se abrió espacio la reflexión acerca de una inminente catástrofe a causa de la perversión de la razón y acción humana, a costa de la CF de las revistas originarias, pues se alejó de las revistas de divulgación científica, de estilo chapucero y esquemáticas historias románticas en escenarios galácticos. Las exploraciones de las posibilidades que la humanidad tenía para labrarse un calvario ya habían sido de gran influencia en los clásicos europeos, pero sólo hasta el advenimiento de la segunda guerra mundial tomo fuerza una tendencia estilística y “sociológica” más sofisticada en la CF norteamericana.

En Farewell to the Master, la coyuntura del encuentro está planteada de manera diferente. La llegada de la nave si provoca gran temor y crisis en la humanidad, pero un primer acercamiento de Klaatu con la humanidad sí llega a ser pacífico, aunque por causa de la reticencia de los líderes mundiales a escuchar al mensajero espacio, el conflicto violento surge y acaba con la vida de Klaatu. Gort, el androide “escolta”, es efectivamente un agente relativamente pasivo, pero infinitamente poderoso. Es el encargado de cumplir las órdenes del urgente emisario, y la indoblegabilidad de sus acciones recuerdan la drástica sentencia repetida cada vez con más frecuencia por personajes protagónicos, “mesías” o “iluminados”, de la CF. En 1951, Klaatu tenía abierto un espacio de diálogo y prevención y logró hablar con sus líderes para evitar un desastre; en 2008, la sentencia ya ha sido pronunciada, pues un personaje antecesor, longevo e indudablemente venerable, ya intentó hacer entrar en razón a la destructiva raza humana, pero su absoluta soberbia determinó la inexorable voluntad de las entidades superiores. Superiores incluso a los poderosos más poderosos del la pobre Tierra: innombrables por la irrelevancia de sus nombres ante las circunstancias y el limitado entendimiento humano.

Tal vez aquí el carácter del androide tiene un papel fundamental en el cambio en la CF de los últimos tiempos. Durante la última mitad del siglo XX, una vez superada la era atómica y el primer terror a la exterminación del mundo, tomó fuerza la especulación sobre el “después” del fin del mundo, que se asumió en la cultura popular de la CF como causada inexorablemente por el hombre mismo. El cyberpunk se encargó desde los 80 de explorar la adaptación de los sobrevivientes humanos a un mundo colapsado, de perenne posguerra, inundado de toda clase de contaminación atómica, y el surgimiento de nuevas especies sub-humanas, hiper inteligentes, fortalecidas por aditamentos o principios tecnológicos que los hacían hiperresistentes aunque ilegitimamente humanizados por la extrañeza de sus emociones. Los posthumanos se convirtieron en un problema más del calvario humano, que sobrevive incluso a la exterminación de las sociedades, y que presenta entonces, como peor escenario posible, no a la muerte, sino a la perversión de toda forma de vida o existencia.

El cyberpunk y las posibilidades de degradación de la naturaleza humana por parte de la expansión tecnológica de la especie y su esquema de consumo se convirtieron en temas de gran trabajo para la CF de las últimas décadas del siglo XX. La perversión de todo lo bueno y deseable tuvo lugar, y a pesar de haber sido más que evidenciado (y no por la CF solamente), el tema parece agotarse.

En este punto volvemos a la coyuntura actual. ¿Que pasa ahora? ¿Donde están nuestros amados cyborgs? En TDESS la naturaleza de Gort no es el centro del problema. Él es sólo un instrumento de cumplimiento de una orden; ya no conserva esa ambigüedad emocional que denota en la versión de 1951, y que es muy visible en el cuento original ¿Será que ya no importa si se es o no se es humano? Después del apocalipsis de la segunda guerra mundial y los 50, vino el posapocalipsis de los años 60 y 70, que engendró el hábitat del posthumano de los 80 y 90.

Y cuando no se pensaba que pudiera llegar nada más, sobrevino la era del riesgo, el control y el miedo. Aviones contra las torres gemelas: ya no nos podemos imaginar nuestra forma de morir. Armas de destrucción masiva: no se puede calcular cuántos muertos. World Trade Center: ya no se sabe dónde está la economía, ni cómo funciona. Osama y Saddam: ya sólo hay que odiar. Abu Ghraib: ya no importa cómo se hace, desde que se contenga la irracional amenaza y se resuelva la desesperada ecuación de la seguridad mental. Ya no sólo no hay un norte macro social; ya sólo se asume la catástrofe.

Siento en la cultura popular un impulso suicida. Entre los entornos sociales con cierto nivel de cultura, es muy aceptado el concepto (biológico y casi disciplinar) de que el ser humano es una especie demasiado numerosa y que su comportamiento denota características de plaga. Klaatu se da el lujo, en 2008, de mantener su serenidad y bondad a pesar del peso de su tarea. Ya no necesitó conocernos ni hablar con nadie. Ya no intentó salvarnos. Ya murió inclusive el cyborg; ni siquiera se necesita evidenciar alguna clase de emoción en Gort. Ya ni siquiera tenemos que combatir la ciencia; se nos cerraron las puertas del entendimiento. La tecnología nos es sorda y ciega, y ya ni siquiera somos alternos de las razas alienígenas. Este posterminator compuesto ya ni siquiera hace un interrogatorio, un cuestionamiento; ya sólo puede eliminar. No hay lugar para hablar, pensar, preguntar, convencer o combatir; ya no es un castigo porque no significa nada. Al parecer, ahora sí, la especificidad del ser humano, la razón, ha desaparecido.

Para la nación mundo, los alienígenas. Para el apocalipsis atómico, el posapocalipsis. Para el derrumbe teleológico de la humanidad, el posthumano. Para recoger los restos y terminar con todo, el Posterminator. Simplemente infalible. Tan sencillo como una plaga de langostas. Sin remedio, reverso o reparación. Algo parecido al exterminio físico y económico de la población a pocos kilómetros de donde usted se encuentra. Simplemente se exterminan.

Klaatu barada nikto

Klaatu ha sido asesinado, debes salvarte.